Mis futuros ingredientes, ¿alguno me puede explicar cómo os sentís metidos en un puro, a la velocidad de un rayo y con un ruido ensordecedor? A una que suele volar en su escoba, dándole el viento en la verruga, siempre le resulta extraño, pero os voy a contar mi experiencia. Os aseguro que fue "buena y mala". Primero os cuento la buena.
La buena es que estando en las nubes (nunca mejor dicho, yo siempre estoy allí, pero esta vez ha sido excepcional), mientras miraba a través de un espacio muy reducido por el que apenas podía ver, me encontré encima de una nube a mi amiga Clotilde, la bruja blanca. Lógicamente, al verme, salio volando montada en su escoba y nos saludamos a través de ese espacio tan pequeño. Me hizo un gesto muy simpático que yo comprendí en seguida. Chicos, ¡que ilusión! se ha casado mi amiga. Otro día, si hacéis lo que os diré, os contaré con quién. Estad pendientes.
Bueno, y ahora la mala. En el avión donde viajé, se metió mucha gente y entre ellas una mujer, que se sentó a mi lado. Se movía mucho y pensé que tendría algún problema. Parece ser que ella intuyó que era bruja y necesitaba conversación. Se la dí, pero cuando me confesó entre muchas otras cosas, que cuando empieza a tejer y calcula que le va a llevar dos horas, dice que es una pena perder ese tiempo en hacer una bonita labor y abandona. Pero en cambio, sí le gusta perder cinco horas con la tripa al sol. Eso me enojó mucho y la regañé. ¿Cómo se me puede decir a mí, esa barbaridad?
He consultado a mi bola de cristal y ella me ha aconsejado que le mande una pócima y ahí va. He metido en un talego una uva, un guisante y una lenteja y que juegue al cuento de la vieja, porque sino juega se convertirá en pelleja.
Quedáis todos advertidos.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario